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Tema: UNA NUEVA MAÑANA. (Leido 331 veces) |
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 Rocío, Ilusión de vida...
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UNA NUEVA MAÑANA.
« fecha: 24.11.13 a las 19:30:38 » |
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Buenas tardes a todos, me dirijo a ustedes con la humilde intención de hacerles partícipes de este escrito que realicé hace tiempo. En su día, este honroso foro me dio la oportunidad de conocer a gente de calidad. Personas con la que aún mantengo contacto y de las que me siento orgulloso de considerarme amigo de ellas. Llevaba mucho tiempo con el deseo de participar de nuevo en esta gran familia, pero ya sabéis, esta vida ajetreada y loca que no deja tiempo ni para respirar. Antes como "jarote" y ahora como "jr", pero con la misma ilusión. Sin más, espero que esta historia os guste. Un fuerte abrazo. Aquel día amaneció con la frescura habitual por esas fechas. Las mañanas aún conservaban la fría herencia del invierno, pero el sol y la claridad iban ganando terreno, cada vez más, al gris de los días gélidos y opacos de principios de año. El crepúsculo matinal se abrió paso entre destellos de una luz tenue que fue adquiriendo tonos albicelestes, antesala de un cielo que se presumía inmaculado, limpio de cualquier atisbo de nubes. Pronto, todo comenzó a brillar, los colores se mostraban intensos, puros… Allá donde mirases, encontrabas un signo, un matiz, una evidencia, que te hacía sentir por cada uno de los poros de tu piel, que la primavera se encontraba en su momento más álgido. Parecía como si, en ese preciso instante, se hubiera culminado la Creación y Dios, orgulloso de Su Obra, regalara al Mundo el día más bello jamás visto. Juan se levantó primero. No hizo falta que preparara café porque esa tarea siempre la desempeñaba su mujer, María…, que aún dormía. Él, admiraba la destreza con la que ella, después de un largo y duro día de trabajo, dejaba todo preparado para el día siguiente. Era ese aroma a café, impregnando todo el hogar, lo que hacía más liviana la rutina de levantarse día a día. Juan, a menudo decía que su casa siempre olía a café recién hecho y ropa limpia. Y eso le agradaba enormemente. Mientras desayunaba, se acercó al calendario colocado en la cocina. El mes que figuraba era Mayo y sus días se encontraban, hasta la fecha, señalados con un aspa. Era el símbolo de una cuenta atrás que finalizaba el primer lunes de Pentecostés de ese mismo año. Plantado frente al almanaque quedó inmerso en sus pensamientos. Sin darse cuenta, los recuerdos fueron recobrando la misma intensidad de momentos pasados. De repente, se vio de nuevo en aquel hospital. Por fin había llegado el momento tan deseado. Pero ahora que estaban tan cerca de ver su carita…, todo había adquirido un carisma de incertidumbre y temor. A Juan le sacaron del box a toda prisa y a penas, tuvo tiempo para despedirse de María, que entre lamentos se alejó por un frío y largo pasillo. Afuera aguardaban sus padres, los de María y algún familiar más, pero Juan no les prestó atención y se dirigió directamente a la calle. No tenía ánimo para hablar con nadie porque su mente y su corazón, se quedaron amarrados a aquella camilla que se marchó de su vera irremediablemente con un destino incierto. Juan se percató de que había anochecido. Se encontraba algo desorientado y la cabeza parecía que le iba a estallar. Era el resultado de toda la tensión acumulada en aquellos días. Una vez en el exterior, respiró profundamente, miró al cielo oscuro de aquella tarde de invierno y finalmente, rompió a llorar. Y es que fueron muchos los días que pasaron en aquel hospital. Días que se hicieron agotadores debido al concienzudo control que los facultativos debían de llevar sobre la evolución del estado de María, el cual se agravaba por momentos. Las jornadas se componían de un continuo ir y venir de enfermeras, realizando todo tipo de análisis, revisando cualquier variación de los niveles en sangre, de la tensión arterial… Eso supuso que cada amanecer, fuese una nueva victoria para ellos, un tiempo valiosísimo que ganaban al destino y que servía para que su pequeño siguiera abriéndose camino a golpes de corazón. ¡Y cuántas veces llegaron a oír esos latidos…! Un sonido, que al principio se escuchaba fuerte, decidido…, que alentaba a afrontar el momento con ilusión y esperanza, pero que más tarde, se convirtió en algo agónico y frágil. Eso denotó que la cosa no iba del todo bien, por eso las fuerzas de ambos comenzaron a flaquear y el ánimo a decaer. Se sentían minúsculos, impotentes ante algo que se les escapaba de las manos sin poderlo remediar. Además, María, cada vez se encontraba peor. De esta manera llegaron a la recta final de una andadura en la que caminaron juntos día y noche, compartiendo desvelos, nervios, esperas… y en la que ahora, Juan se sentía más solo que nunca. Pero esa soledad le hizo encontrar la calma y serenidad necesarias para afrontar lo que hubiera que afrontar. Él asumía que el resultado de aquel periplo interminable, podía ser cualquiera y que debía de estar preparado para lo peor. Y allí, bajo ese cielo aciago de Febrero, cerró los ojos y recluyéndose en sí mismo, buscó el consuelo que anhelaba, la luz entre la tiniebla, la fe que necesitaba… Entonces, en ese preciso instante, Ella acudió a su llamada como el timón de una barca a la deriva, como el alba a la mañana, como acordes Celestiales que componen la más bella de las melodías, como un soplo de aire fresco, como un manantial de agua que brota sin cesar y que calma la sed del que anda por un desierto inhóspito y desolado. Al fin, todo recobraba sentido y se volvía nítido como un cielo primaveral. Ya no existían miedos, desaparecieron las dudas, la inseguridad… En ese momento, fue cuando Juan tomó conciencia de que todo iba a salir bien. De repente, se oyó: -familiares de María Ramos…- A penas, trascurrieron quince minutos desde que Juan saliera, pero parecieron toda una eternidad. Al instante, él se dirigió al interior para recibir la noticia de lo acontecido. Sin saber cómo, llegó a la Unidad de neonatos donde, de repente, se encontró de frente con un doctor que, tras presentarse debidamente, le indicaba con las manos abiertas, la incubadora donde se encontraba su pequeño. Al fin le veía. Allí estaba aquél valiente, todo colorado, con su minúscula cabecita vendada, entre una maraña de gomas, pero como si no hubiera pasado nada, ajeno a todo, lleno de vida y de dulzura. El tenerlo junto a él le conmovió tanto que no sabía si reír o llorar, quedarse en silencio o comenzar a gritar como un loco. Le veía tan bien… que si no hubiese sido por todos esos artilugios que le rodeaban y por lo reducido de su tamaño, se podía pensar que hubiera nacido sin ningún tipo de contratiempo. En ese mismo instante y sin poder parar de mirarle, Juan preguntó por el estado de su mujer. Se sentía privilegiado respecto a ella y eso hizo que su alegría se tornara en una cierta pesadumbre, ya que después de lo que había pasado, era injusto que María no estuviera allí con ellos dos viviendo ese momento. Al menos lo peor ya había pasado. Ahora sólo quedaba corresponder al Cariño sin tregua y desinteresado de quien permaneció al lado de ellos hasta el último momento, haciendo que ese infortunio tuviera el final que todos deseaban. Por eso, lo siguiente que pasó por la mente de Juan, fue ir a Verla. La ocasión lo requería más que nunca, necesitaba postrarse ante su Virgen, en su Bendita Casa del Rocío, y darle gracias por aquél milagro. Pero, al mismo tiempo que ansiaba ese encuentro, se sentía con la obligación de estar a la altura de las circunstancias. -¿Cómo hacer ver a su Santa Madre que su agradecimiento no tenía fronteras, que era inmenso como el océano?- Entonces, pensó: -¿Hay algo más profundo y sincero, y que mejor simbolice a la entrega y al amor, que el sacrifico? Esa fue la conclusión a sus pensamientos. Si lo que más anhelaba era poder Verla, el mayor sacrificio sería no Verla. Así fue que decidió hacer una promesa, la cual le conduciría a estar, tres años después, delante de aquel calendario. -----1ª SEVILLANA----- ME AFERRÉ A LA ESPERANZA Y VOLÉ HASTA SU VERA, ESPERANDO ENTRE SUSPIROS ME VI AGARRAO A SU REJA (BIS). SENTÍ EL CIELO, SU MIRADA, ME SENTÍ TAN CERCA DE ELLA, AQUELLA TARDE DE INVIERNO YO ENCONTRÉ MI PRIMAVERA. NO PUDO SER DE OTRA FORMA, QUE EN ESTAS COSAS DEL ALMA NO SE GUARDAN COMPOSTURAS, CÓMO PAGARTE, ROCIO, TRES AÑITOS DE TERNURA. Juan volvió en sí. No podía asegurar con certeza el tiempo que llevaba allí plantado, pero al comprobar que el café que estaba tomando se encontraba frío, supuso que deberían de haber sido bastantes minutos. Por un momento sintió que todo aquello que había rememorado no se encontraba tan lejano como él creía, de hecho, parecía como si la vida les hubiera trasladado, de repente, a ese preciso instante, a esa nueva mañana en la que todo se veía distinto, en la que al fin caminarían los tres juntos hacia Ella. Mientras calentaba de nuevo el café, se oyó una voz infantil, que le llamaba. Entonces se dirigió a la habitación de Juan Manuel, que con el pelo alborotado y la cara sonrosada, le esperaba sentado en su cama. –Hoy, no hay cole!?…- dijo con tono de incertidumbre el pequeño. –No hijo. Hoy, por fin, vamos a ver a la Virgen, al Rocío-. Al instante, dio un respingo y comenzó a dar saltos de alegría. -¡Bien, bien, nos vamos a ver a La Guapa y al Chiquitín! Su padre le cogió en brazos y lo llevó a la cama donde se encontraba María, que al oír el revuelo, también se despertó. Una vez allí, los tres juntos empezaron a darse achuchones y un sinfín de besos. Las cosquillas y las risas se apoderaron de cada rincón de la casa, dibujando una escena que se convertiría en uno de los momentos más felices de sus vidas. -------2ª SEVILLANA------- BORDAMOS NUESTRO CAMINO DE CARICIAS Y CARIÑOS. SE CONVIRTIÓ LA AMARGURA EN ILUSIONES DE NIÑO (BIS). Y PINTAMOS EL GRIS DEL CIELO CON LA LUZ DE SU MIRADA Y EL SONIO DE SU SONRISA FUE NUESTRO TOQUE DEL ALBA. NO PUDO SER DE OTRA FORMA, QUE EN ESTAS COSAS DE ALMA NO SE GUARDAN COMPOSTURAS, CÓMO PAGARTE, ROCIO, TRES AÑITOS DE TERNURA. Todo estaba listo y dispuesto para hacer que su particular historia cobrara verdadero significado. Para ellos dos, supondría reencontrarse con aquello con lo que habían soñado durante esos tres largos años, pero para su chiquillo todo sería nuevo, supondría una experiencia que no se parecería en nada a lo vivido con anterioridad. Por eso, desde un principio, Juan y María intentaron familiarizarle con el entorno, hablándole del Camino, de la Aldea y su Ermita, de la Virgen y Su Niño. Pero sobre todo, le contaron que cuando sale la Virgen a la calle, hay mucha, pero mucha gente, que todos se ponen muy nerviosos por Verla, gritando Su nombre y llorando de alegría… Que de vez en cuando, se ve a algún niño como él, e incluso, mucho más pequeños, que van en volandas, por encima de las personas para ponerse junto a Ella. Le explicaron que no debía de asustarse, ni temer por nada, que eso es normal y se hace porque todo el mundo quiere mucho a la Virgen y a Su Niño. Además, todas las noches se ponían los tres frente al cuadro de la Virgen que había colgado en la habitación de matrimonio y juntos le rezaban. De esta manera la vida del pequeño fue desarrollándose en torno a un sueño y una ilusión que hicieron de aquello que aún no conocía, algo cercano y natural. ---------3ª SEVILLANA--------- FUERON PASANDO LOS AÑOS, SIEMPRE LE HABLAMOS DE ELLA, DE SU CASA EN LA MARISMA, DE UN PARAÍSO EN LA TIERRA, DE UN CAMINO HASTA EL CIELO, DE SU HERMANDAD ROCIERA (BIS). Y EL ALMA SE ESTREMECÍA CUANDO COGÍA SU MEDALLA, LA APRETABA ENTRE SUS MANOS, LA BESABA Y DECÍA GUAPA. NO PUDO SER DE OTRA FORMA, QUE EN ESTAS COSAS DEL ALMA NO SE GUARDAN COMPOSTURAS, CÓMO PAGARTE, ROCIO, TRES AÑITOS DE TERNURA. Por delante les aguardaba un Camino de tres días y dos noches junto a su Hermandad. El sueño ya estaba cumplido. Pronto se verían envueltos en un sinfín de estampas, que estarían enmarcadas con versos de marisma y rocío. Volverían a reencontrarse con todos aquellos amigos que tantas y tantas emociones compartieron a su vera. Cada pará, cada misa de romeros, cada toque al alba, cada charla, cada mirada, cada abrazo, cada lágrima, cada sonrisa… Todo aquello por lo que se desvivían, volvía a ellos como una primavera temprana, como una nueva mañana. ----------4ª SEVILLANA---------- SE PRESENTÓ, DE REPENTE, MAYO HASTA NUESTRA VENTANA Y CON CARITA DE SUEÑO NOS DESPERTÓ ENTRE CAMPANAS, CON AROMAS DE ROCÍO, ENTRE COHETES Y PALMAS (BIS). Y EL CAMINO FUE TESTIGO DE AQUELLAS NUEVAS PISADAS QUE AQUEL AÑO PA EL ROCIO HABRÍA OTRO PA DECIR GUAPA. Y ENTRE SUSPIROS Y FLORES SE ABRAZARON TRES AMORES Y UNA PROMESA CUMPLIDA AQUÍ NOS TIENES, ROCÍO, PA LOS RESTOS DE LA VIA. FIN Juan R. Vioque.
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