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Tema: HISTORIA DEL AVEMARÍA (Leido 1076 veces) |
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alhandalus
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HISTORIA DEL AVEMARÍA
« fecha: 21.06.06 a las 13:36:08 » |
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Breve historia del Ave El padrenuestro no tiene historia porque nos lo dio entero Jesucristo de una sola vez, pero el avemaría sí la tiene. Su historia se remonta también al Evangelio, al momento en que Dios decidió encarnarse en una Virgen de Nazaret y le envió como mensajero al Arcángel San Gabriel, que la saludó diciendo: “Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 2 . A partir de este momento el avemaría ha tenido una larga evolución. El saludo del ángel y especialmente su primera palabra (Jaire en griego, Ave en latín) fue usada muy pronto por los cristianos para “saludar” a la Virgen, repitiéndola con frecuencia. Así se encuentra en algunos textos de los santos Padres alrededor del Concilio de Éfeso (año 431). Esta repetición del Ave se concretó en Oriente en torno al siglo VI en el famoso himno mariano Akáthistos, en el que muchas de sus preciosas invocaciones incluyen el saludo Ave: Ave, columna de sacra pureza; Ave, umbral de la vida perfecta; Ave, Tú inicias la nueva progenie; Ave, virgen y esposa... El primer testimonio que conservamos de que se haya unido al Ave la alabanza que hizo a María su prima Santa Isabel (Lc 1, 42: bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre) es de finales del siglo VI o principios del VII y de contexto litúrgico. Se trata de una antífona del ofertorio de la misa del cuarto domingo de adviento. Sólo a comienzos del segundo milenio comienza a usarse esta fórmula de oración fuera de la liturgia, sobre todo en los monasterios, y a hacerse popular. Historia de la segunda parte del avemaría Entre las grandes corrientes de la espiritualidad que han pasado a formar parte del Rosario hay que señalar también la que en la Edad Media desarrolla con intensidad la oración de súplica y de intercesión. También por lo que respecta a la Virgen María, a medida que la Iglesia va tomando conciencia de la importancia de su papel en el plan de salvación, se van añadiendo a las sencillas alabanzas marianas primitivas otras oraciones de petición de intercesión y súplica a María. Durante el siglo XIII se añadió una breve frase de súplica al final de casi todas las oraciones marianas litúrgicas. Por ejemplo, el himno de las funciones marianas menores se terminaba invocando a la Virgen con la oración: “María, madre de gracia, madre de misericordia, defiéndenos del enemigo y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte”. Este es el momento en que comienza también a añadirse al Ave una súplica para conseguir la intercesión de María: el Sancta Maria. Como modelo y núcleo de esta invocación final se toman las Letanías de los Santos y en concreto la invocación Sancta Maria, ora pro nobis (ruega por nosotros) o Sancta Dei Genitrix (Santa Madre de Dios), ora pro nobis. Esta súplica añadida al final del Ave se irá haciendo cada vez más frecuente y tendrá muy diversas formulaciones en los distintos países y épocas, hasta que se fije la fórmula actual. Probablemente en el siglo XIV y con toda seguridad en el XV ya se rezaba en bastantes lugares el Santa María unido al Ave tal y como nosotros lo conocemos. De todos modos, fue San Pío V quien dio la sanción definitiva para fijar el avemaría que se reza en el Rosario: en 1568, en la nueva edición del Breviario, mandaba a los sacerdotes que recitasen en las horas canónicas, después del padrenuestro, el avemaría en la forma que hoy usamos: con el Santa María añadido. Este será el modelo que luego se extienda a todo el pueblo, y el que hará del Rosario una oración que pueda ser recitada a dos coros.
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