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 Viva la Virgen del Rocío
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GAITAS ROCIERAS EN LA GUERRA CIVIL
« fecha: 12.01.11 a las 22:02:19 » |
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Querido Webmaster, no se si procedera incluir este articulo ya que es historia pero no lo hago con ningun animo ..... solo como una cosa curiosa sobre la Virgen del Rocio. Espero que nadie se ofenda y si es asi , que solo quede para la historia. !!!VIVA LA VIRGEN DEL ROCIO!!! Durante la guerra civil española, el Tercio Requeté Virgen del Rocío, contaba con una escuadra de tamborileros que sonaban los instrumentos en el orden de batalla. Aquí os dejo, una mención que se hace en la Wikipedia, con respecto a la batalla de Lopera: "Frente a las brigadas internacionales, se encontraba la columna del Comandante Redondo, compuesta fundamentalmente por la brigada de choque del requeté andaluz, formada por los tercios de la Virgende los Reyes de Sevilla, Virgen del Rocío de Huelva, Virgen de la Merced de Jerez, Isabel la Católica de Granada, Angustias y San Rafael de Córdoba, - representantes de las distintas provincias andaluzas, así como fuerzas del Batallón de Cádiz y de la Caballería de Sevilla. Como nota curiosa, los tamboriles y gaitas del Tercio Virgen del Rocío de Huelva, acompañaban el avance de las tropas, como si se trataran de las cornamusas de los Royal Highlanders escoceses." Por otra parte, hay un artículo un emocionante y bellísimo artículo de don José Simón Valdivielso, que descubrí hace años en ese periódico. Me permito transcribirlo, porque merece la pena pararse y descubrir el lirismo con que describe el entierro de los caidos, acompañado del toque de esos entrañables instrumentos, que para la gente del Aljarafe, como es mi caso, nos suenan a música celestial. TITULO : La Romería Triste y Gloriosa Los Tamboriles del Rocío redoblan en el cortejo de nuestros muertos. Por José Simón Valdivieso. Diario Odiel, 24 de Enero de 1937. Al entrar en aquel pueblecito cordobés recién conquistado, el silencio mortal nos prende el alma con una garra helada. La impronta marxista se advierte clara en el pueblo que aún recordamos con las fachadas de sus casas pulcramente encaladas que lucían su blancura deslumbrante realizada por la luz viva y alegre del buen sol andaluz y sus calles fragantes a incienso quemado en las “copas” hogareñas, a romero del monte próximo y a azahar de los naranjos en flor. Cuesta trabajo aceptar que este pueblo en ruinas, renegrido por el humo de los incendios, con sus casas abandonadas y en desorden como víctimas de un desahucio colectivo es aquel mismo pueblo cordobés, limpio y alegre de días más felices. Pero… ¿Qué es esto? Hasta nuestro oído llega clara y precisa una música familiar. Suena en su vaguedad de música lejana con una fuerza evocadora irresistible y ante nuestras pupilas en éxtasis desfila el cuadro único e incomparable de la bellísima romería rociera. Está música que escuchamos ahora en este pueblecito cordobés es evidentemente aquélla. Estos son los tamboriles y las gaitas de las marismas de Almonte y estos son aquellos toques de la romería, pero con un aire solemne e impresionante que aquéllas no tenían. Al avanzar, llegamos a la plaza y presenciamos un espectáculo conmovedor, de una grandeza insuperable. A hombros de unos mozallones de rostros atezados por la intemperie hostil del castro y barbazas descuidadas e hirsutas van tres féretros envueltos en la bandera. Y detrás el Comandante Pérez de Guzmán, y el Comisario de Guerra Carlista de Huelva, Dionisio Cano López y una teoría inacabable de boinas rojas… Y los tamboriles y las gaitas del Rocío, que no podían faltar en aquella romería gloriosa y triste. ¿triste? ¡No! Cuando un requeté da su vida por Dios y por España, no es un sentimiento triste, sino de emulación el que despierta entre sus compañeros…… Eran tres requetés del Tercio de la Virgen del Rocío. Va dicho implícitamente que eran tres bravos requetés. Y por eso, en esa hora que no era la hora siniestra y torva de los que mueren en pecado mortal, de los que mueren peleando contra su Dios y contra su Patria, sino una hora triunfal llena de luz, los tamboriles y las gaitas de las marismas acompañaban con sus sones típicos, a los tres valientes rocieros que subían jinetes en las tres nubes más bellas y más blancas, haciendo gallardas corbetas y graciosos caracoleos cielo arriba por la inmensa “marisma azul”, hasta la sublime altura donde la Divina Madre , esa Blanca Paloma, la Pastora amorosa de sus ovejitas de Huelva, les espera para acogerlos con la mirada de sus ojos, que son los dos luceros más bonitos del firmamento, y susurrarles con su voz, que es la música más hermosa que escucharon jamás oído humano. “¿Habéis sufrido mucho, hijos queridos?”. ¡Ay, Dios! ¿Cómo podía ser triste aquel cortejo? Yo pedí aquella noche con el corazón rebosante de envidia limpia y noble: “¡Señor!. Si pudiera ser ¡que lleven mi cuerpo a la tierra envuelto en la bandera de mi patria y que me acompañen los sones marismeños de los tamboriles y de las gaitas del Rocío y que la Blanca Paloma me espere allí”, como a estos tres valientes!.
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