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Tema: Sábado 27 de Junio de 2020 (Leido 100 veces) |
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jartivle
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 Viva la Virgen del Rocío
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Sábado 27 de Junio de 2020
« fecha: 26.06.20 a las 18:03:37 » |
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Primera lectura Lectura de las Lamentaciones (2,2.10-14.18-19): El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob, con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá; derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes. Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza. Se consumen en lágrimas mis ojos, de amargura mis entrañas; se derrama por tierra mi hiel, por la ruina de la capital de mi pueblo; muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad. Preguntaban a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras desfallecían, como los heridos, por las calles de la ciudad, mientras expiraban en brazos de sus madres. ¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén? ¿A quién te compararé, para consolarte, Sión, la doncella? Inmensa como el mar es tu desgracia: ¿quién podrá curarte? Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras. Grita con toda el alma al Señor, laméntate, Sión; derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche; no te concedas reposo, no descansen tus ojos. Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta hacia él las manos por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas. Palabra de Dios Salmo Sal 73 R/. No olvides sin remedio la vida de tus pobres ¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados, y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño? Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya, del monte Sión donde pusiste tu morada. R/. Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; el enemigo ha arrasado del todo el santuario. Rugían los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus propios estandartes. R/. En la entrada superior abatieron a hachazos el entramado; después, con martillos y mazas, destrozaron todas las esculturas. Prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre. R/. Piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencias. Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre. R/. No olvides sin remedio la vida de tus pobres Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,5-17): En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.» Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.» Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién soy yo para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace.» Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.» Y en aquel momento se puso bueno el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.» Palabra de Dios Gloria a Ti, Señor Jesús
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Re: Sábado 27 de Junio de 2020
« Responder #1 fecha: 26.06.20 a las 18:04:14 » |
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Al entrar en la ciudad se acercó a Jesús un militar romano, por tanto pagano, uno de esos de los que «los buenos» israelitas tenían que apartarse, uno de los que no tenían por qué habérsele acercado, y menos aún con la intención de pedirle favores. Pero este centurión, aún siendo representante del poder opresor romano, debía llevarse bien con los judíos, pues les había construido una gran sinagoga con dinero de su propio bolsillo (esto nos lo cuentan otros evangelistas). Jesús le presta atención, a pesar de toda la gente que en ese momento le rodeaba. A Jesús la presencia de la gente no le impide darse cuenta cuándo alguien lo necesita realmente. Allí están colocados los dos, frente a frente: Jesús y el militar. Tuvo que vencer el probable rechazo por mezclarse con un grupo de judíos, por dejar ver su necesidad, su preocupación, su dolor por la enfermedad de uno de sus sirvientes: «Tengo un criado paralítico». Y Jesús terminará alabándolo delante de todos:«Os aseguro que en ningún judío, en ninguno de vosotros, que sois el pueblo elegido, he encontrado tanta fe». No debió caerles nada bien semejante alabanza: Es mejor, tiene más fe que vosotros.... Pero si no practica los santos ritos judíos, no sigue la Ley de Moisés, no pertenece al Pueblo de Dios, ni adora al único Dios: él se debe y pertenece al emperador de Roma... El criado paralítico no está presente en la escena. Ha quedado en casa postrado en cama. Pero podemos afirmar que ha sido él quien ha «empujado» a su amo a acercarse a Jesús, y superar el qué dirán, la vergüenza y el posible rechazo. Se ve que están muy unidos. Realmente aquí no hay «amo» y «esclavo», sino dos personas unidas entrañablemente por el cariño mutuo. El cariño es especialista en suprimir diferencias, superar distancias y clases sociales, igualar a las personas, y tender puentes. Esto lo sabe apreciar Jesús. Y decide ayudarlo. No se sabe quién estaba ayudando a quién: si el centurión al pedir la curación de aquel enfermo... o el enfermo haciendo que el centurión se encuentre con Jesús de Nazareth, de modo que ponga en evidencia su fe, su esperanza, su confianza en aquel profeta de Galilea. A quien considera con mucha autoridad, como para curar a distancia. Podríamos plantearnos si esta fe es válida, porque ha nacido de la necesidad de resolver un problema, de ayudar a alguien que sufre. Pero ¿quién puede acusar de interés o de inmadurez a quien se ocupa y preocupa por la vida de otro? Probablemente no conocía gran cosa sobre Jesús, ni su mensaje. Seguramente no encaja en lo que nosotros llamaríamos «un creyente». Pero confía, sabe que aquel Maestro tiene una fuerza especial, que podría hacer algo por él... y se acerca humildemente: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa». No tengo ningún derecho a pedirte que vengas, no quiero siquiera molestarte, no tengo ningún mérito para que te dignes desplazarte a mi casa. «Basta con tu palabra». Este capitán sabe mucho y confía mucho. Sabe que la Palabra de Jesús tiene autoridad, incluso sobre la enfermedad, la suya es una palabra con fuerza salvadora y sanadora, que está cargada de vida. Eso le basta. Es una palabra capaz de «transformar», de«cambiarnos», de hacernos mejores. Con esta fe debiéramos acercarnos siempre a la Palabra: tanto en la Liturgia, como en la oración personal. Me hace recordar aquellas otras palabras de María: «Que se haga en mí tu Palabra». Nos falta mucha fe para llegarle a las botas a este «creyente pagano». «Que suceda según tu fe». Esta es la cosa: nuestra fe en el Señor es lo que cambia y lo que nos cambia. Y es lo que nos falta. El Señor hoy nos lo pone como ejemplo. Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
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