I
Agarrado a tus varales,
Blanca Paloma, te nombro,
de mi fe salió el coraje
para subirte a los hombros.
Para subirte a los hombros
no retirarme de Ella,
déjame con mi agonía
que aún tengo sangre en las venas
“pa” que se acabe mi vida.
II
Tú eres Reina en la marisma
y yo romero a tu lado,
tú siempre serás la misma,
tus ojos no los has cambiado.
Tus ojos no los has cambiado
pero cambias la mirada
cuando a ti voy agarrado,
y me dices con la cara:
romero, estás perdonado.
III
No me duelen las heridas
que en mi hombro se han marcado,
me dolerían si algún día
me perdiera de tu lado.
Me perdiera de tu lado,
ya se acabaría mi vida,
la misma que tu me has dado,
y contigo moriría
con recuerdos del pasado.
Estribillo I,II,III
Por todo lo que tú me has dado
te llevo Blanca Paloma,
y aquí me tienes al lado
respirando de tu aroma
antes muerto que cansado.
IV
Tengo que dejar mi sitio
a un romero que ha llegado,
padre que soy mayorcito
déjame que estás cansado.
Déjame que estás cansado,
mi hijo llorando me ha dicho
y mi sitio le he dejado
para que se haga buen romero
como tú me has enseñado.
Estribillo IV
Por todo lo que tú me has dado,
te llevé Blanca Paloma,
y ahora mi sitio he dejado,
para que respire tu aroma
como yo lo he respirado.
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